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TABLA EN EL MAR
Estoy solo en medio de la grandeza del mar
hermoso y oscuro, me acoge y asegura estas palabras.
Llegan hasta el silencio.
Me escuchan y confirman las horas de viaje.
La indiferencia del mundo está lejos.
Sobre una tabla en el mar se encienden
mis ojos como dos bocas cercanas.
Frescas y gustosas muerden el aliento.
Desde aquí puedo sentir cómo cruje el destino
y sigo aferrado a mi pedazo de isla.
Todo azar es aparente, todo dibujo
nos sorprende porque somos nobles.
A tientas hemos creído ese delirio.
Hemos descubierto una mujer
y al final sabremos que ha sido marcada.
Sus ojos y sus palabras estaban en la canción.
Habíamos recogido sus pupilas
bajo las hojas memoriosas de aquel álamo.
Nada que he puesto sobre el fuego es mío.
Durante la noche he traficado estas palabras.
Pero no elegí sus nombres de pájaros felices.
Sus melodías llegaron hasta mí tras una puerta desconocida.
Soy un novicio y mis orquesta la trajo un maestro.
Su nombre está olvidado en mi culpa.
Sé que es así porque floto en el fondo
de esta ventana infinita que es el mar.
No siento temores porque cada minuto que se aleja
entra en el anchísimo tiempo de mi regreso.
Soy un pedazo de madera
y muchos hombres aferrados a una pregunta, a la última función.
Confieso estas nubes de pájaros
y digo los misterios de mis mapas
para llegar a ese punto de paz que todo hombre busca.
Nada voy a pedir.
Nada habrá que pueda hacer para saltar mi destino.
Se tejer sus laberintos y mirar la punta de una mujer.
Palabra a palabra le he puesto mi luz.
Me ajusto a las estrellas como la madera breve al pedazo de mar que le acepta.
Estoy a salvo y puedo levantar mi casa
y puedo tocar las hojas reiteradas del álamo.
¡Ah, qué dulces los pedazos de agonía!
¡Qué dulces los pasos iniciados en la noche final!
Desnudo y húmedo vivo en este sitio.
A rastras traigo otros destinos.
En ellos el agua me deshace y limpia.
Me balanceo como el único habitante de este mundo.
Mi aventura y yo buscamos ese sueño en el que cerramos los ojos
y nos acercamos a un fin.
La tabla se menea como una hoja en el viento
del árbol saliendo quieta y segura.
La madera me acoge otra vez y ya no soy.
El agua es profunda y justa como mi muerte.
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Busque un nuevo libro y su tabla en el mar.
De: OTRAS PIEDRAS TALLADAS EN SILENCIO
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